La extraordinaria vida de un perro guardián

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La extraordinaria vida de un perro guardián

Perros guardianes

Soy Nino, hoy es mi primer día de trabajo y estoy muy feliz, hace tan solo dos días me gradué como el mejor de los perros guardianes de mi escuela y como premio me mandarán junto a un guarda de seguridad a cuidar un lugar maravilloso, estoy muy ansioso, no veo la hora en que llegue él, sé que me caerá muy bien, mi corazón me lo dice.

Me da un poco de nostalgia salir de esta escuela que me brindó tantas cosas buenas, aquí aprendí todo lo que debe saber un verdadero perro guardián. Estoy a una hora de conocer a mi compañero de binomio e ir a ese lugar que llaman centro comercial, en el que hay mucha gente, muchos negocios, juegos, cine, comida, según lo que cuentan parece el paraíso, ¡Voy a trabajar en el paraíso!

Algunos de mis amigos ya han estado en ese lugar, dicen que es muy divertido, que la gente pasa y te consiente la cabeza y que a veces nos dan croquetas rellenas. Dicen que allí conoceré gente nueva cada minuto y que pasearé junto a mi compañero por todo el lugar.

¡Sonó el timbre! ¿Será él?. Tengo muchas emociones encontradas, mi corazón late muy fuerte y mi cola no deja de moverse como loca.

Abren la puerta volteo a ver y ahí está él, con su uniforme azul oscuro impecable, sus botas perfectamente lustradas, tanto que creo que podría reflejarme en ellas, entre los rayos del sol y su cachucha, resaltan unos hilos dorados tejidos que dice 'Vigilante’ y sobre su pecho un pequeño letrero que dice 'Mora’ su apellido y claro mi fruta favorita, no puedo creer que todo sea tan perfecto. Sabía que así como me gustan tanto las moras, algún día iba a pasar algo bueno con eso.

Ahí está él, mi nuevo amigo, mi compañero de vida, lo veo y no puedo creer que pasaré muchos de mis días con ese hombre tan impecable, que honor. Me le acerco y se inclina frente a mí, me acaricia la cabeza y me dice - Seremos el mejor equipo Nino- aquí no puedo evitar la emoción, mi cola siempre me delata y se mueve como si se fuera a escapar de mi columna, quisiera hablar y decirle cuan feliz me encuentro, pero solo ladro y ladro, ahora sí mi corazón se saldrá de mi pecho.

Rumbo al paraíso de los perros guardianes

Luego de atravesar la ciudad en una linda camioneta también azul, muy vistosa, llena de escudos y con el nombre de la empresa, llegamos a un lugar enorme, mis compañeros ya me habían dicho que era muy grande pero nunca imaginé que tanto.

Mora me abre la puerta y yo salto del auto, mis ojos están abiertos y pasmados, no pueden parpadear ni una milésima de segundo, no quieren perderse ni un instante de lo que pasa alrededor del paraíso.

Me siento en el pasto un rato bajo la sombra de un árbol, el día es muy claro y el sol le da un bello color a la ciudad. Creí que el mejor momento de mi vida había sido cuando conocí a Mora, hasta que él mismo viene hacia mí con un pequeño chaleco colgando en sus manos ¡Es mi chaleco! ¡Mi uniforme! Ya es más que oficial soy un perro guardián.

El trabajo soñado

Mi trabajo es acompañar a Mora mientras damos vueltas por todo el centro comercial verificando que todo se encuentre en orden y brindarle ayuda a las personas que lo necesiten; de hecho, hace un momento un niño de unos siete años lloraba por los pasillos de la plazoleta de comidas, mi compañero lo consoló y le preguntó qué pasaba, Jacobo no encontraba a sus padres, se había distraído mirando un carro en la vitrina de la juguetería.

Me dio mucha nostalgia ver a Jacobo triste así que me le acerqué y él, timidamente me acarició la cabeza.  Creo que eso lo tranquilizó un poco. Estuve muy pendiente de él, mientras Mora le reportaba a nuestros demás compañeros lo que había pasado para que avisarán por los parlantes del lugar. Los padres de mi nuevo amigo llegaron al instante, fue un reencuentro hermoso, aquí mi cola nuevamente delató mi emoción..

Ya en la tarde cuando las nubes del occidente tomaban un color naranja intenso, nos mandaron a trabajar a la portería del parqueadero. Esta vez debíamos revisar que los carros de las familias que visitan el centro comercial no trajeran ninguna sustancia extraña o algún elemento que atentara contra la vida de las personas del lugar.

Esta es mi parte favorita porque aquí practico todo lo que aprendí en la escuela de perros guardianes, aquí pongo a prueba mi olfato que puede percibir a mucha distancia el olor de cualquier elemento extraño.

Estamos frente un aparato que le entrega tarjetas a todos los conductores de los carros que entran, me parece muy divertido el sonido que hace cada vez que la gente oprime el botón rojo, es como una sorpresa, aunque ya sé que de ese pequeño orificio saldrá una tarjeta, siempre me quedo mirando a esperar que aparezca.

Cada vez que entra un carro Mora les pide amablemente que apaguen el motor, porque ese humo que sale por el exosto me hace daño; luego me da la señal para que empiece a inspeccionar al auto, olfateo cada puerta y luego el baúl, si no noto nada extraño pueden seguir, de lo contrario aviso a Mora con un sonido clave, para que juntos busquemos lo que llevan escondido.

Este es mi trabajo soñado, todo lo que debo hacer me hace muy feliz, mi cola no deja de moverse durante el día. Ya es hora de ir a dormir, nos volvemos a subir al carro de Mora para ir a recargar energías para el nuevo día que nos espera, que ansío tenga muchas aventuras así como hoy.

Puedo decir que este ha sido el mejor día de mi vida, me emociona saber que durante algunos años este será mi oficio y que serviré cada día con mi mejor sonrisa mientras muevo mi cola de alegría.

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